El DJ coruñés que pone música a la noche berlinesa

 El coruñés Juan Ramón Amado es todo un símbolo en las noches de Berlín, donde tiene una tienda de discos de vinilo y un sello discográfico que está a punto de editar su octavo CD. Pero por encima de todo es uno de los más conocidos DJ de la capital alemana. Pincha regularmente en dos locales de referencia para la modernidad berlinesa.
 
Juan Ramón Amado es uno de los más recocidos pinchadiscos de Berlín, donde tiene una tienda de vinilos y un sello discográfico.
Juan Ramón Amado, el pasado verano en A Coruña, en el bar La Tata.
 
 
 
   
Isabel Bugallal
A coruña


Se fue a Berlín hace siete años por razones sentimentales y hoy es uno de los pinchadiscos con más renombre de Berlín. Juan Ramón Amado (Pontedeume, 1958) abandonó A Coruña para seguir a su novia alemana sin saber que la música volvería a ser su sustento. Allí no sólo pincha en dos de los locales de moda de la noche berlinesa, sino que tiene, con otros dos socios, una tienda especializada en discos de vinilo que presume de vender verdaderas piezas de coleccionista y un sello discográfico que está a punto de editar el octavo trabajo.
En los años ochenta, Amado ya sentaba cátedra en su ciudad desde el Zyx, uno de los templos de la noche coruñesa, en la zona del Orzán. Él mismo se jacta ahora de haber "transformado la vida musical de Galicia" en aquella época, a finales de los años ochenta y principios de los noventa. Más tarde, montó Superfly, un club también con pedigree donde había actuaciones, acontecimientos artísticos y él mismo pinchaba con otros DJ.
Pero eso ya es historia. Como lo es su primer negocio, una herboristería en la Ciudad vieja, Anémona, que fue todo un hito también entre la modernidad local. O sus intentos de convertirse en médico, como su padre, en la etapa universitaria. O los años del colegio en Pontedeume con compañeros como el poeta Ramiro Fonte, en cuyas memorias literarias lo cita (Os ollos da ponte). O, en un pasado menos remoto, sus colaboraciones periodísticas en revistas de referencia como La Naval o Bravú.
Juan -Xan en los ambientes musicales berlineses- se fue a Berlín en 1999 con intención de abandonar la música. "Pero estos chicos me fueron liando, después de oír la música que programaba en locales y fiestas", dice por teléfono desde la tienda de discos, Piatto Forte, en pleno barrio de Kreuzberg, y que debe su denominación italiana a la procedencia de uno de sus socios. Piatto Forte es ahora también la sede de su oficina y del sello discográfico, Duplikat Records, que proyecta sacar dentro de un mes un disco de Banda Veleno, un dúo que "hace una especie de surf rock con un toque funky".
Empezó pinchando en Schabel Bar y en Anfall, entre otros garitos de Berlín, y así conoció a Marek Barath, un esloveno con el que proyectó editar discos. "La idea era publicar nuestra propia música, pero fuimos dando con bandas muy buenas". Así hasta siete discos, en principio de fuerte base electrónica, el último de los cuales, Kaffee Burger, recoge el espíritu musical del local homónimo berlinés.
"El Kaffee Burger es un local muy famoso de Berlín, situado en Mitte (el centro), que se llena todos los días. Allí somos todos los martes los DJ residents", dice en alusión a sus socios, con los que pincha ese día de la semana. "También invitamos a otros DJ para variar. No se trata de estar siempre en el mismo sitio", explica. Cada día de la semana hay un tipo de música diferente en este local. La suya se mueve en torno a lo que denomina "world music", y va "desde el reagee al hip hop, con un toque electrónico".
Además, una vez al mes, se encargan de la actuación en directo de un grupo. El disco Kafee Burger es una recopilación de canciones de los grupos que ellos invitaron al local. "Hay desde rock indie hasta jazz electrónico, pasando por la música latina y del Este. Es un retrato de todo lo que hay en el bar. Sólo falta el soul y el funky", dice. Entre los grupos figura Russendisko, una banda de origen ruso que arrasa en Berlín.
"El Kaffee Burger es legendario, entre otras razones, por las fiestas de Russendisko, son famosísimos en Berlín. Después de ellos, los más famosos somos nosotros", añade con cierta sorna Amado, que cuando pincha con sus socios lo hace bien bajo la etiqueta Duplikal Records o la de Piano Fortte Sound, según el ambiente del local y de la música que pongan.
Cada verano, regresa a A Coruña, donde inevitablemente hace unas sesiones de música entre amigos. Suele pinchar en Telefunken o en La Tata, pero más por divertimento que por trabajo.
En vacaciones trae los rudimentos mínimos, así que no pincha con discos de vinilo, sino con CD, lo cual es impensable en Alemania, explica. "En Berlín, si vas con un CD te miran mal, exigen la calidad del sonido de los discos de vinilo", señala: "Aquí la gente sabe mucho de música, es un público muy enterado, lo ves en los locales y la tienda".
"En España son poco exigentes. Yo pinchaba todos los días en el Zyx. Eso en Alemania es imposible, el público se cansaría. Aquí no puedes repetirte". Otro tanto dice de la tienda de discos, en la que los vinilos tienen un precio de acuerdo a la bolsa de internet. "Son ediciones limitadas y por tanto, en un 80% son discos de segunda mano, piezas de coleccionista, sobre todo, que pueden costar 60 euros". "Tenemos una red de DJ y cuando se cansan de sus discos nos los traen", dice Juan, que cuando le preguntan responde que prefiere la denominación de pinchadiscos a la de DJ: "Soy más un pinchadiscos, claro. DJ son esos artistas que hacen sus propias remezclas". Puede ser un oficio bien remunerado. A él en el Kaffee Burger le pagan 300 euros por sesión."La música da para vivir, pero en la frontera", admite.